Sin oficina propia, sin estructura, con más convicción que recursos. Hernán Novillo Corvalan y su jefe de ese momento identificaron que existía una gran desvinculación entre el área de sistemas y la alta dirección. Vieron lo que otros no: tecnología y negocio hablaban idiomas distintos.
Y así nació lo que somos hoy. La E, por lo digital, la evolución, disrupción y la transformación constante. Mozart, porque solo con sensibilidad, cercanía y escucha se puede comprender para diseñar y orquestar soluciones.